8 Y cuando hubo tomado el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos;
3 Pon guarda a mi boca, oh Jehová; Guarda la puerta de mis labios.
4 No dejes que se incline mi corazón a cosa mala, A hacer obras impías Con los que hacen iniquidad; Y no coma yo de sus deleites.
5 Que el justo me castigue, será un favor, Y que me reprenda será un excelente bálsamo Que no me herirá la cabeza; Pero mi oración será continuamente contra las maldades de aquéllos.
6 Serán despeñados sus jueces, Y oirán mis palabras, que son verdaderas.
7 Como quien hiende y rompe la tierra, Son esparcidos nuestros huesos a la boca del Seol.
8 Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; En ti he confiado; no desampares mi alma.
9 Guárdame de los lazos que me han tendido, Y de las trampas de los que hacen iniquidad.
10 Caigan los impíos a una en sus redes, Mientras yo pasaré adelante.