6:9-9:29 LA NARRATIVA DE NOE
Muchos pueblos antiguos de todo el mundo hablan de un gran diluvio del cual sólo un hombre y su familia escapó al construir un arca. Sin embargo, como se hubiera esperado, los paralelos más cercanos a la narrativa bíblica proceden de Mesopotamia, en las epopeyas de Atrahasis y Gilgamesh. Ambos textos datan de c. 1600 a. de J.C. Al igual que la historia bíblica, ellos mencionan a un hombre (Atrahasis o Utnapishtim) a quien su dios le indicó que construyera un arca para escapar del diluvio. El lo hizo así, provisto de bienes y animales, flotó sobre las aguas del diluvio por un período breve, y envió pájaros para saber si las aguas estaban bajando. Finalmente el arca recaló en la cima de una montaña, apareció el sobreviviente del diluvio y ofreció sacrificios que agradaron grandemente a los dioses, quienes le recompensaron con vida eterna. La similitud entre la narrativa bíblica y la babilónica revela que ésta era una historia bien conocida en el antiguo Cercano Oriente.
Sin embargo, hay varias diferencias entre estos relatos, lo que simplemente demuestra que no se han copiado la una de la otra. Hay diferencias de detalles, p. ej. sobre el tamaño y la forma del arca, la duración del diluvio y los tipos de pájaros que fueron enviados para inspeccionar las aguas del diluvio. Pero éstas son diferencias relativamente triviales. Mucho más importante son las diferencias teológicas entre ambas narraciones. Estas son tan considerables que pareciera que el autor de la narrativa bíblica estuviese tratando en forma deliberada de corregir o de refutar la visión común que en el Oriente se tiene del diluvio. En particular, Gén. está tratando de explicar cómo es Dios y cómo se relaciona con el mundo.
En las versiones babilonias, los dioses acuerdan un diluvio para detener el crecimiento de la población humana, pero uno no estuvo de acuerdo y advirtió a Atrahasis (el equivalente a Noé), su adorador. Cuando el diluvio se desató, los dioses se acobardaron como perros incapaces de controlarlo. Después del diluvio los dioses corrieron hacia los sacrificios por estar hambrientos, ya que los sacrificios se habían detenido durante el período del diluvio. Uno de los principales dioses se sorprendió al encontrar que un hombre había sobrevivido al diluvio (evidentemente este dios no era ni omnipotente ni omnisciente).
La perspectiva teológica y ética del Gén. es totalmente diferente. Primero, el diluvio no fue enviado para frenar el ruido o la fertilidad humanos sino por causa de la corrupción y la pecaminosidad de los hombres (6:11, 12). Segundo, Noé no fue salvo porque se arriesgó a adorar al dios que no estuvo de acuerdo con la decisión de enviar el diluvio, sino porque él fue justo y cabal en su generación (6:9). A través de toda la historia del diluvio Noé es presentado como haciendo exactamente lo que Dios le mandó (p. ej. 6:22; 7:9; 8:18). Tercero, el Dios de Gén. es omnipotente y omnisciente. Siempre está en control del diluvio y sabe exactamente lo que está ocurriendo. Fue cuando Dios se acordó de Noé que las aguas comenzaron a disminuir (8:1, 2). El sacrificio después del diluvio no vino a apagar el apetito de Dios (a diferencia de los dioses mesopotámicos, él no tenía necesidad de comida humana) sino que aplacó su ira. A pesar de la continua acción pecaminosa del hombre (cf. 8:21 con 6:5), Dios prometió que nunca la tierra volvería a ser destruida por un diluvio. El arco iris fue la promesa de Dios en el sentido de que él mantendría y protegería toda la tierra (8:22–9:16). Finalmente, mientras que la epopeya de Atrahasis termina con los dioses inventando abortos e infertilidad femenina para detener el crecimiento de la población de la tierra, Noé en tres ocasiones es exhortado: sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra (9:1; cf. 8:17; 9:7). A pesar del pecado, Dios básicamente está de nuestra parte y preocupado por el bienestar de la raza humana. Esta buena voluntad fue asegurada después del sacrificio de Noé y por el más grande sacrificio en la historia, el de Cristo.
6:9-8:22 La historia del diluvio
Gén. considera el diluvio como el gran punto divisorio de la historia universal. El diluvio fue un gran acto de anticreación. Este hizo que la tierra regresa ra a aquel primitivo estado de caos en que se encontraba, antes que Dios comenzara a hablar en 1:3. La vida fue destruida. Las aguas lo cubrieron todo, aun hasta la cima de las montañas mismas, de modo que el planeta se asemejaba a su pasado cuan do Dios primero comenzó a crearlo (1:2). En esa instancia, cuando Dios se acordó de Noé, envió un viento sobre la tierra (cf. el espíritu, o viento de Dios que se movía en 1:2) para iniciar nuevamente el proceso de creación. El mundo nació nuevamente. La tierra seca y las aguas fueron separadas, y Noé, la nueva cabeza de la humanidad, salió del arca y, al igual que Adán, le fue dicho Sed fecundos, multiplicaos y llenad la tierra (9:1, cf. 1:28). De modo que Noé es visto como la figura de un segundo Adán.
Este paralelismo entre el diluvio como el gran acto de anticreación y la re-creación después del diluvio es subrayado en Gén. por el diseño literario de la historia. Está escrito en un modo de imagen reflejada (“chiasmo extendido” o “palístrofe”) que enfatiza la simetría de la historia. Aquí se destacan algunos de los hechos más obvios de esta estructura.
Esta estructura no sólo llama la atención al paralelismo entre la obra destructiva de Dios al enviar el diluvio y su tarea de re-creación, sino que además muestra que el momento clave fue cuando se acordó de Noé. El Dios del Gén. no fue impotente ante el diluvio, como los dioses babilonios, sino que estuvo en total control, soberano en el juicio y en la misericordia.
A Los hijos de Noé (6:10)
A¹ Los hijos de Noé (9:18–27)
B Entrada al arca (7:1)
B¹ Abandono del arca (8:16)
C Siete días (7:4)
C¹ Siete días (8:12)
D Siete días (7:10)
D¹ Siete días (8:10)
E Cuarenta días (7:17)
E¹ Cuarenta días (8:6)
F Montañas cubiertas (7:20)
F¹ Montañas cubiertas (8:5)
G Inundación de 150 días (7:24)
G¹ Retiro de las aguas en 150 días (8:3)
H Dios se acordó de Noé (8:1)