30 Aunque me lave con aguas de nieve, Y limpie mis manos con la limpieza misma,
31 Aún me hundirás en el hoyo, Y mis propios vestidos me abominarán.
32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, Y vengamos juntamente a juicio.
33 No hay entre nosotros árbitro Que ponga su mano sobre nosotros dos.
34 Quite de sobre mí su vara, Y su terror no me espante.
35 Entonces hablaré, y no le temeré; Porque en este estado no estoy en mí.
Copyright © 2026 La Escritura