8 Cuando fueres convidado por alguno a bodas, no te sientes en el primer lugar, no sea que otro más distinguido que tú esté convidado por él,
9 y viniendo el que te convidó a ti y a él, te diga: Da lugar a éste; y entonces comiences con vergüenza a ocupar el último lugar.
10 Mas cuando fueres convidado, ve y siéntate en el último lugar, para que cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba; entonces tendrás gloria delante de los que se sientan contigo a la mesa.
8 No entres apresuradamente en pleito, No sea que no sepas qué hacer al fin, Después que tu prójimo te haya avergonzado.
9 Trata tu causa con tu compañero, Y no descubras el secreto a otro,
10 No sea que te deshonre el que lo oyere, Y tu infamia no pueda repararse.
11 Manzana de oro con figuras de plata Es la palabra dicha como conviene.
12 Como zarcillo de oro y joyel de oro fino Es el que reprende al sabio que tiene oído dócil.
13 Como frío de nieve en tiempo de la siega, Así es el mensajero fiel a los que lo envían, Pues al alma de su señor da refrigerio.
14 Como nubes y vientos sin lluvia, Así es el hombre que se jacta de falsa liberalidad.
15 Con larga paciencia se aplaca el príncipe, Y la lengua blanda quebranta los huesos.
16 ¿Hallaste miel? Come lo que te basta, No sea que hastiado de ella la vomites.
17 Detén tu pie de la casa de tu vecino, No sea que hastiado de ti te aborrezca.
18 Martillo y cuchillo y saeta aguda Es el hombre que habla contra su prójimo falso testimonio.
19 Como diente roto y pie descoyuntado Es la confianza en el prevaricador en tiempo de angustia.
20 El que canta canciones al corazón afligido Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, o el que sobre el jabón echa vinagre.
21 Si el que te aborrece tuviere hambre, dale de comer pan, Y si tuviere sed, dale de beber agua;
22 Porque ascuas amontonarás sobre su cabeza, Y Jehová te lo pagará.
20 Así que, si tu enemigo tuviere hambre, dale de comer; si tuviere sed, dale de beber; pues haciendo esto, ascuas de fuego amontonarás sobre su cabeza.
23 El viento del norte ahuyenta la lluvia, Y el rostro airado la lengua detractora.
24 Mejor es estar en un rincón del terrado, Que con mujer rencillosa en casa espaciosa.
25 Como el agua fría al alma sedienta, Así son las buenas nuevas de lejanas tierras.
26 Como fuente turbia y manantial corrompido, Es el justo que cae delante del impío.
27 Comer mucha miel no es bueno, Ni el buscar la propia gloria es gloria.
28 Como ciudad derribada y sin muro Es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.
1 Como no conviene la nieve en el verano, ni la lluvia en la siega, Así no conviene al necio la honra.
2 Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa.
3 El látigo para el caballo, el cabestro para el asno, Y la vara para la espalda del necio.
4 Nunca respondas al necio de acuerdo con su necedad, Para que no seas tú también como él.
5 Responde al necio como merece su necedad, Para que no se estime sabio en su propia opinión.
6 Como el que se corta los pies y bebe su daño, Así es el que envía recado por mano de un necio.
7 Las piernas del cojo penden inútiles; Así es el proverbio en la boca del necio.
8 Como quien liga la piedra en la honda, Así hace el que da honra al necio.
9 Espinas hincadas en mano del embriagado, Tal es el proverbio en la boca de los necios.
10 Como arquero que a todos hiere, Es el que toma a sueldo insensatos y vagabundos.
11 Como perro que vuelve a su vómito, Así es el necio que repite su necedad.
13 ¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos;
14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.
15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.
16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;
2 Alábete el extraño, y no tu propia boca; El ajeno, y no los labios tuyos.
3 Pesada es la piedra, y la arena pesa; Mas la ira del necio es más pesada que ambas.
4 Cruel es la ira, e impetuoso el furor; Mas ¿quién podrá sostenerse delante de la envidia?
5 Mejor es reprensión manifiesta Que amor oculto.
6 Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.
7 El hombre saciado desprecia el panal de miel; Pero al hambriento todo lo amargo es dulce.
8 Cual ave que se va de su nido, Tal es el hombre que se va de su lugar.
9 El ungüento y el perfume alegran el corazón, Y el cordial consejo del amigo, al hombre.
10 No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni vayas a la casa de tu hermano en el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejos.
11 Sé sabio, hijo mío, y alegra mi corazón, Y tendré qué responder al que me agravie.
12 El avisado ve el mal y se esconde; Mas los simples pasan y llevan el daño.
13 Quítale su ropa al que salió fiador por el extraño; Y al que fía a la extraña, tómale prenda.
14 El que bendice a su amigo en alta voz, madrugando de mañana, Por maldición se le contará.
15 Gotera continua en tiempo de lluvia Y la mujer rencillosa, son semejantes;
16 Pretender contenerla es como refrenar el viento, O sujetar el aceite en la mano derecha.
17 Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo.
18 Quien cuida la higuera comerá su fruto, Y el que mira por los intereses de su señor, tendrá honra.
19 Como en el agua el rostro corresponde al rostro, Así el corazón del hombre al del hombre.
20 El Seol y el Abadón nunca se sacian; Así los ojos del hombre nunca están satisfechos.
21 El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro, Y al hombre la boca del que lo alaba.
22 Aunque majes al necio en un mortero entre granos de trigo majados con el pisón, No se apartará de él su necedad.
23 Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, Y mira con cuidado por tus rebaños;
24 Porque las riquezas no duran para siempre; ¿Y será la corona para perpetuas generaciones?
25 Saldrá la grama, aparecerá la hierba, Y se segarán las hierbas de los montes.
26 Los corderos son para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo;
27 Y abundancia de leche de las cabras para tu mantenimiento, para mantenimiento de tu casa, Y para sustento de tus criadas.