31 ¿Podrás tú atar los lazos de las Pléyades, O desatarás las ligaduras de Orión?
Amós 5
8 buscad al que hace las Pléyades y el Orión, y vuelve las tinieblas en mañana, y hace oscurecer el día como noche; el que llama a las aguas del mar, y las derrama sobre la faz de la tierra; Jehová es su nombre;
10 El hace cosas grandes e incomprensibles, Y maravillosas, sin número.
11 He aquí que él pasará delante de mí, y yo no lo veré; Pasará, y no lo entenderé.
12 He aquí, arrebatará; ¿quién le hará restituir? ¿Quién le dirá: ¿Qué haces?
13 Dios no volverá atrás su ira, Y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios.
14 ¿Cuánto menos le responderé yo, Y hablaré con él palabras escogidas?
15 Aunque fuese yo justo, no respondería; Antes habría de rogar a mi juez.
16 Si yo le invocara, y él me respondiese, Aún no creeré que haya escuchado mi voz.
17 Porque me ha quebrantado con tempestad, Y ha aumentado mis heridas sin causa.
18 No me ha concedido que tome aliento, Sino que me ha llenado de amarguras.
19 Si habláremos de su potencia, por cierto es fuerte; Si de juicio, ¿quién me emplazará?
20 Si yo me justificare, me condenaría mi boca; Si me dijere perfecto, esto me haría inicuo.
21 Si fuese íntegro, no haría caso de mí mismo; Despreciaría mi vida.
22 Una cosa resta que yo diga: Al perfecto y al impío él los consume.
23 Si azote mata de repente, Se ríe del sufrimiento de los inocentes.
24 La tierra es entregada en manos de los impíos, Y él cubre el rostro de sus jueces. Si no es él, ¿quién es? ¿Dónde está?
25 Mis días han sido más ligeros que un correo; Huyeron, y no vieron el bien.
26 Pasaron cual naves veloces; Como el águila que se arroja sobre la presa.
27 Si yo dijere: Olvidaré mi queja, Dejaré mi triste semblante, y me esforzaré,
28 Me turban todos mis dolores; Sé que no me tendrás por inocente.
29 Yo soy impío; ¿Para qué trabajaré en vano?
30 Aunque me lave con aguas de nieve, Y limpie mis manos con la limpieza misma,
31 Aún me hundirás en el hoyo, Y mis propios vestidos me abominarán.
32 Porque no es hombre como yo, para que yo le responda, Y vengamos juntamente a juicio.
33 No hay entre nosotros árbitro Que ponga su mano sobre nosotros dos.
34 Quite de sobre mí su vara, Y su terror no me espante.
35 Entonces hablaré, y no le temeré; Porque en este estado no estoy en mí.